Soplan nuevos aires en la Justicia

Cada tanto, la Argentina conmueve y sorprende por distintas razones, aun a la distancia. Ciertas causas judiciales se complican y recobran vida gracias a algunos jueces que, con renovados e inducidos bríos, indagan a testigos e imputados ahora más locuaces. Los fiscales persisten en la búsqueda de pruebas para que las verdades que todos conocen y están quedando cada vez más al descubierto tengan el respaldo probatorio necesario. ¿Una ruptura del silencio producto de la soledad y el encierro? ¿Despecho institucional y político?

Todavía hoy resulta un tanto pretencioso creer en el fin de un período de impunidad para algunos. Pero, al mismo tiempo, el escepticismo importa una falta de confianza en los probos hombres que nunca dejaron de honrar al Poder Judicial. En este sentido, tampoco debe perderse de vista la dinámica de las instituciones, pues estas, en definitiva, están compuestas por hombres, algunos que tienen una conducta cívica inalterable y otros que bien pueden variar su ánimo y su fervor al calor de las nuevas circunstancias.

El caso de las armas

La locuacidad de un hasta ahora silencioso procesado, Luis Sarlenga, ha puesto en vilo a los tribunales y a la sociedad por la importancia de las personas involucradas. Quizá con un impacto menor, al menos por ahora, que el que en octubre pasado produjo la todavía irresuelta causa de los sobornos en el Senado de la Nación. Mientras el ministro de Economía se esfuerza con todo su fervor, creatividad y empuje para reactivar la economía, su nombre aparece vinculado con el tema. No parece estar preocupado. Esta vez debería estar más tranquilo porque, más allá de conocer la verdad de los hechos, los protagonistas de un escenario político que le era hostil hace unos años ya no poseen el mismo manejo de ciertos resortes judiciales.

El panorama convulsivo se integra también con los nuevos dichos de otro Cavallo, un controvertido marino, radicado en México, que parece tener ganas de erigirse en una versión mejorada del capitán de fragata (R) Adolfo Scilingo. Es posible que su situación anímica sea similar a la de Sarlenga: encierro y desamparo, olvido de sus camaradas. Lo cierto es que se lo ve dispuesto y estimulado para decir más cosas de las que hasta ahora se dijeron sobre el tema de los desaparecidos. Ojalá lo haga. La verdad al menos alivia.

Y así, en este nuevo clima de la Argentina, un tercer Cavallo, el juez federal, dictó hace poco, el 6 de marzo, la singular sentencia que declara la inconstitucionalidad de las leyes de obediencia debida y de punto final. Una decisión que tuvo una serena repercusión y permite la reapertura de algunos procesos en contra de militares que no llegaron a ser juzgados.

Heridas que no cerraron

Bien puede pensarse que no es bueno reabrir las heridas; el problema es que algunas nunca se cerraron. Los indultos de la anterior administración rompieron el esquema conceptual de las leyes mencionadas, diseñado durante la época de Raúl Alfonsín, y sirvieron para reanimar a los desamparados familiares de las víctimas a seguir luchando y pensar el modo de lograr justicia. En concordancia con este modo de pensar, estimo también que los violentos y asesinos de la izquierda nunca debieron ser indultados.

La Justicia vuelve a dar señales de vida en un país que debe salir del estancamiento económico y del deterioro moral. Y todo al mismo tiempo. Por eso es hora de que todos aquellos integrantes de los poderes del Estado y también del sector privado que deshonraron sus cargos y posiciones observen cuidadosamente este nuevo clima.

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