Un líder para la refundación

Yo te odio, político es más que el título de un reciente libro de Dalmiro Sáenz. Es una síntesis del sentir de muchos argentinos, que se proyecta a todos los políticos (aun a aquellos que no lo merecen) y al sistema institucional que les ha permitido alternarse en diversas posiciones de poder desde 1983, con los resultados que son por todos conocidos.

La gravedad de la situación impone la refundación de la República, incluyendo la renovación de la dirigencia política actual, principal responsable de esta crisis, para permitir que la gente recobre la confianza en las instituciones de la democracia. Sólo de esta manera podrá lograrse una capacidad de gestión adecuada para dar solución a los problemas que nos afligen, y en particular a la grave situación económica de millones de argentinos.

Sin embargo, no es imaginable un fenómeno de reemplazo inmediato e integral de la clase política: el proceso, que debe realizarse ordenada pero implacablemente, puede requerir la modificación de ciertas reglas -listas sábana, financiamiento de los partidos políticos, entre otras- que hoy operan como obstáculos para esta renovación. En este escenario, en 2003 debería triunfar el candidato que convenciera a los votantes de su capacidad para liderar este proceso. Este sería el primer paso.

Creemos que el presidente elegido en 2003 debe ganar con la consigna de llamar como primer acto de gobierno a una asamblea general constituyente que tenga como principal propósito declarar la caducidad de los mandatos de todos los legisladores y sentar las pautas para una inmediata elección de sus reemplazantes, con un sistema que garantice la elección de representantes más genuinos. Por supuesto, es posible que algunos de los antiguos legisladores resulten nuevamente elegidos. De ser así, habrán ratificado que su presencia en el Congreso obedece a la voluntad popular, y no a componendas partidarias. Este nuevo Poder Legislativo podrá acometer el saneamiento de otras instituciones de la República (por ejemplo, el Poder Judicial).

El presidente elegido en 2003 va a necesitar ejercer sin titubeos el poder conferido por el pueblo para llevar adelante esta refundación, pues esta propuesta va en contra de los intereses de quienes hoy gobiernan las instituciones que deben renovarse.

¿Cómo surgirá este candidato? Parece difícil que pueda provenir de las actuales estructuras partidarias, a las que se extiende el grave descrédito popular. La situación es propicia para la aparición de nuevos partidos, que expresen la diversidad de opiniones e ideologías del pueblo y propongan el candidato capaz de realizar la renovación que la Argentina necesita.

Lo que pide la sociedad

¿Cómo identificar a los candidatos adecuados? Es sencillo enumerar, en abstracto, las que deberían ser sus características ideales: una persona honesta, con inteligencia, acabada comprensión de la realidad del país y una visión clara del escenario internacional y el papel de la Argentina en ese contexto, con carisma, capacidad de organización y liderazgo, espíritu democrático, entre muchos otros etcéteras.

Los candidatos, sin embargo, no surgen de la nada. Si ya hemos dicho que no provendrá de los partidos tradicionales, ¿cómo podría hacer su camino hasta la candidatura presidencial? Lo exiguo de los plazos permite suponer que correrán con ventaja los personajes conocidos por el público, pues esto facilitaría su acceso a los medios de prensa, y las personas que tengan recursos económicos y estén dispuestas a invertirlos en su campaña.

¿Es esto bueno? Dependerá, en definitiva, de la capacidad de estos candidatos para percibir las verdaderas demandas de la sociedad, y de su fidelidad al mandato popular cuando accedan al gobierno.

Los espera una Argentina que ha podido constatar el fracaso de un modelo institucional y político. Se enfrentarán al desafío de conducir el proceso de renovación de la dirigencia política y sindical, y refundar el sistema institucional para garantizar que refleje efectivamente la voluntad popular. Al mismo tiempo, deberán lidiar con una difícil situación económica y social. Sin embargo, si emprenden decididamente su tarea podrán lograr que la gente recupere la esperanza que ahora parece haber perdido, y con ese apoyo no hay tareas imposibles.

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