Del coraje y la cobardía

"Alguna vez existió el coraje. Ahora no", dijo Borges hablando de las virtudes argentinas hace veinticinco años (LA NACION, 30 de abril de 1977). El Diccionario de la Real Academia Española dice del coraje: "Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor". El coraje puede impulsar a hacer el bien, pero también el mal. La contracara del coraje es la cobardía.

¿Qué significa el coraje en estos tiempos? En España, por ejemplo, todos los hombres que viven en el País Vasco, especialmente los políticos, jueces y periodistas, que no comulgan con la ideología de ETA demuestran, cada día, un enorme coraje cívico.

¿Qué significa el coraje en estos tiempos de ignominia que vive la Argentina? En cada oficio, en cada trabajo, en cada profesión hace falta coraje para seguir adelante y no bajar los brazos frente a un panorama desalentador.

El ciudadano

Muchas personas en la Argentina de hoy tienen la oportunidad de demostrar un coraje singular, ejemplar, y protagonizar hechos trascendentes. Me refiero a los ciudadanos que, desde sus respectivas posiciones en la sociedad, están trabajando por la recuperación de las instituciones y de los valores cívicos y, de esa manera, por la recuperación de la confianza de la ciudadanía en su República.

Tiene coraje el ciudadano que se anima a contar a un juez la verdad sobre los hechos de corrupción que conoce. Son muchos los que saben lo que se ha hecho en la Argentina. Tienen coraje los fiscales y jueces que obran con rectitud y luchan contra la impunidad. Tienen coraje los periodistas que no se callan.

El ciudadano común también tiene oportunidad de demostrar su coraje. La crisis y el hartazgo popular agudizan la necesidad de que éste encuentre caminos creativos y eficientes para liberar a la República de los ineptos, de los inmorales y de los sinvergüenzas. Hay quienes son acreedores a los tres adjetivos. El problema es que éstos no sienten vergüenza, o al menos eso parece. Y allí están.

Muchos políticos creen tener hoy una legitimidad de la que en realidad carecen. Comenzaron a perderla con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa y están terminando de perderla en el marco de la grave convulsión social en la que vivimos. Como muchos consideran que el desequilibrio del poder político fue provocado, la sociedad espera su definitivo esclarecimiento.

Las manifestaciones ciudadanas sobre la falta de aceptación de la clase política actual alcanzan ribetes dramáticos. Cuando un ciudadano se encuentra con un político aprovecha, si se produce ese súbito clima de repudio, para desgranar su fastidio contra ése, que representa a todos. Sin embargo, el anonimato sumado a los excesos verbales y a la violencia física tiene más que ver con la cobardía que con el coraje.

Derecho a peticionar

Debe darse un paso adelante para superar ese tipo de expresiones. Es necesario que se utilice esta instancia de la República para concretar una movilización más eficiente y con un ánimo refundador.

¿Cómo hacerlo? Dando la cara y empezando, por ejemplo, por manifestarse frente a los legisladores nacionales, que hoy están claramente cuestionados por grandes sectores de la sociedad. Tanto es así que el clima de hoy puede conducirnos a una asamblea constituyente donde el pueblo se pronuncie y haga caducar esos mandatos en el marco del Estado de derecho. Antes pueden renunciar a sus bancas, y eso sería un acto de coraje.

Más que ser víctimas de insultos y violencia en la calle, los legisladores deberían recibir de la gente manifestaciones legítimas del derecho a peticionar a las autoridades y de la libertad de expresión. Cada ciudadano sabrá dar un contenido particular a su protesta, y en cuanto a la forma para hacerlo, se puede desde presentar una nota en la mesa de entradas del Congreso de la Nación hasta enviarla por correo electrónico. Dada la creatividad que ha caracterizado a las últimas protestas populares, es imaginable la instalación de una nueva carpa blanca o un abrazo ininterrumpido al Congreso de la Nación, o muchas otras posibilidades similares.

Y después de eso, ¿qué?

El camino no es fácil, pero una vez que estemos en la senda, podremos recuperar la esperanza.

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